viernes, 3 de diciembre de 2010

Invierno en mi ciudad

La noche, me suspira tu letargo. Tu llegada no se espera. Y aunque el repiqueteo de tus tacos la anuncia, yo me sigo haciendo el distraído.
En Buenos Aires, hace frío. Un frío terrible. Las calles están desiertas pero tras la vidriera, me siento tranquilo.
Esto es lo que hago hace meses.. Camino largas cuadras con la paciencia de quien sabe, va a ninguna parte. Observo en las calles, la gente que vuelve corriendo a sus casas, a sus refugios. La lluvia, si se digna. El crepitar de los últimos coches.
Camino lento., solo buscando algún bar, de esos que todavía quedan abiertos. Si tienen esos antiguos ventanales de madera, mejor. Entro, elijo una mesa. Pido un café. Pienso y escribo. Aunque hace tiempo ya que pienso mas de lo que escribo.
Pienso en ella., en el pasado. En los sueños perdidos. En las ganas que me quedan de estar vivo. Y son muchas. Si hace poco nomas que volví del infierno. Que aprendí a disfrutar de cosas que antes me estaban vedadas.
Nunca me aleje tanto como hoy en mis pensamientos.
Será por eso que no escuche cuando entraste. Ni en que momento te sentaste a mi mesa. Si fue hace un minuto o dos horas, no podría saberlo. Solo se que te vi frente a mi y no entendí nada.

-Perdón, nos conocemos.
-De toda la vida (me dijiste). Pero es la primera vez que nos vemos.

El silencio fue, fue el doble de largo.



-Hace tanto tiempo que te espero. Pensé que no vendrías nunca.
-Venia llegando.
-Ya se.
-Sos tan hermosa como imaginaba.
-No mientas!
-En serio!
-Te parece?
-Porque no nos vamos.
-Bueno.

Nos levantamos. Me encargue de arroparte.

-Hace un frío bárbaro.
-Gracias.

Te abrí la puerta y ganamos la calle. Tengo un refugio en el alto Valle de las almas, al que solo acceden los que son únicos. (dijiste).

-Me se distinto, ahora eso de único….
-Vamos.

Tomamos un taxi, Corrientes y Montevideo. Tercer piso de escaleras en penumbras, de pasos rápidos. De corazones al borde del encuentro. A tientas buscaste las llaves. Me abriste la puerta de tu cielo. Mi pie derecho, la empujo de vuelta, mientras mis manos te desnudaban. Mientras me adueñaba uno a uno de los olores de tu cuerpo. Y te hacia mía, como era tuyo.



Hace media hora, las palabras necesarias y ahora, el mas hermoso de todos los silencios.
Nos buscamos. Nos encontramos. Nos amamos, nos dormimos en silencio.
Me desperté vaya uno a saber cuando. Ya no estabas.
Pero en mi, estarás siempre. Porque me regalaste el mas hermoso de todos mis sueños. El de alcanzar la eternidad a través tuyo.

Desde ese día, no hago mas que buscarte en todos los besos.
Mi reina en estos mares, mi pedacito de cielo.



FIN